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domingo, 15 de septiembre de 2013

"El hombre es un mono africano, como el gorila ... y qué !




15.09.2013 |Publicado por http://tiempo.infonews.com

ALBERTO KORNBLIHTT, BIÓLOGO Y DOCTOR EN QUÍMICA

Por: Yésica De Santo

"El hombre es un mono africano, como el gorila"
Es uno de los investigadores más prestigiosos de la Argentina, pero no le gusta que lo llamen "el Messi de la ciencia". Sostiene que las razas no existen en sentido biológico, rechaza varios mitos instalados sobre la evolución y reconoce que no sería difícil clonar a un ser humano. Los orígenes del universo y el concepto de Dios.

Aburrida, e inentendible, imposible y densa son adjetivos que ya no pueden adjudicarse a la ciencia, al menos no cuando va de la mano de un científico apasionado. Albert Einstein decía que "la mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos". Pero lo cierto es que no cualquier científico maneja tan bien la capacidad de hacer entender, de apasionar a quien lo escucha y hacer oídos sordos a la soberbia. Todo eso en un hombre que nació hace 59 años, que de chico amaba la matemática, y de grande se enamoró de las diferencias y similitudes de las formas de vida.
Alberto Kornblihtt, biólogo y doctor en Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y uno de los científicos más prestigiosos de la Argentina se pone colorado cuando lo llaman "el Messi de la ciencia". "Por favor no me digan así, entiendo que es a modo de reconocimiento, pero me parece muy injusto para mis colegas", dice y explica que "la buena ciencia no se logra mediante protagonismo egocéntrico. La mejor ciencia se hace en equipo, y así es como me gusta trabajar."
En La humanidad del genoma, su último libro, toca temas tan complejos como el genoma humano o la clonación, los combina con cuestiones sociales, la identidad, la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, y la religión para derribar los mitos por los que los genes podrían ser los culpables de casi todo lo que es o hace una persona.
–¿Por qué el título La humanidad del genoma?
–Es un juego de palabras entre el genoma humano, que ya es un término popular, y el concepto de humanidad que da cuenta de la calidez de lo humano. Porque no se trata de analizar el genoma como elemento aislado de la realidad social.
–Hace tiempo se decidió remplazar el término razas por el de etnias y son varios los que se encargaron de justificarlo. ¿Cuál es su opinión?
–Las razas no existen. No al menos en el sentido biológico, quizás podría utilizarse en sentido cultural, pero no existe ninguna población que tenga un grado de homogeneidad genética tan grande como para ser llamada raza. Las diferencias entre un negro o un caucásico, un indio o un chino, tienen que ver con el color de piel, la forma de los ojos, el pelo, son todas diferencias visibles, pero que no dan cuenta de la variante genética. Las comparaciones de secuencias de ADN entre humanos indican que las grandes diferencias genéticas, de existir, tienen lugar entre individuos y no entre poblaciones. Un gran biólogo como Svante Pääbo dice que la mezcla ha sido la regla en la evolución humana y que por eso es importante pensar al genoma de cada persona conformado por variantes que forman parte de la vasta variación encontrada en nuestra especie. Me parece válido destacar que aunque la biología demostrara que las razas existen, el racismo tampoco se justificaría, ya que no es más que una discriminación con fines políticos y económicos. Como dijo el genetista Sergio Pena, no es que seamos todos iguales, es que todos somos igualmente distintos.
–Una vez declaró su gusto por romper ideas previas, ¿un ejemplo?
–Es cierto, y es lo que intento también en mis libros. Creo que debe ser la tarea de todo científico. Por ejemplo, no es que descendamos de los monos. El hombre es un mono africano, al igual que el chimpancé y el gorila. Tampoco es cierto que el humano sea la única especie que tiene inteligencia, si no que tiene la capacidad de articular el lenguaje, cambiar el medio que lo rodea con su fuerza o a través de la tecnología. Por eso no tiene sentido hablar de seres más o menos evolucionados, sino más o menos adaptados a un medio. Porque en todo caso, somos muy evolucionados para hablar, razonar y transformar, pero no para volar, por ejemplo, o para vivir en la profundidad del mar. El hombre es la especie que domina el planeta y debe seguir haciéndolo. Toda modificación al ambiente tiene sentido en función del hombre, ya que sin esa transformación el ser humano perecería. Entonces, no hay seres más evolucionados que otros en términos biológicos, sino que hay especies adaptadas a diferentes medios. La evolución es como un arbusto, no es una cadena lineal donde el hombre está al final. Tiene muchas características biológicas que lo hacen superior a otras especies y otras que lo hacen inferior.
–Oficios, profesiones, gustos o inteligencia ¿se deben a nuestros genes?
–No podemos decir que todo se lleva en los genes, los gustos musicales o nuestros trabajos tienen gran injerencia del medio ambiente donde nos desarrollamos. La gente suele hacer afirmaciones sin entender nada del tema y dicen, por ejemplo, que los hijos de Bach, eran buenos músicos porque heredaron los genes del papá o se identificaron psicológicamente. Yo no lo sé y no lo puedo averiguar. Entonces, cuando no se puede confirmar algo, mejor no decir nada. En el caso de la inteligencia hay estudios que indican que los coeficientes de la inteligencia tienen una gran influencia ambiental y una pequeña injerencia genética. La vida intrauterina, los estímulos tempranos las posibilidades de alimentación de la madre y del niño definen las capacidades cognitivas de la persona sana, excepto que tenga incapacidades en sus genes que lo impida. Por ejemplo, en el caso de los niños que son adoptados se estudian las semejanzas con los padres adoptivos y los biológicos y se ha demostrado que el coeficiente de inteligencia se parece más a los adoptivos que a los biológicos. Esto demuestra que el componente ambiental es muy grande. 
–¿Se puede clonar a un ser humano?
–Técnicamente no sería muy difícil, pero no hay razones médicas ni sociales para hacerlo. En el caso de que se hiciera, es una técnica biológicamente insegura porque en un alto porcentaje de los casos en que se realiza en animales hay muchas malformaciones fetales, y eso sería éticamente inadmisible. Hay mitos alrededor de la clonación al pensar que porque se clona a una persona tendría un destino personal idéntico a quien brindó la célula que se clonó, pero es falso. Ya lo sabemos porque los gemelos que son idénticos genéticamente a pesar de compartir el útero, tienen personalidades distintas. Otro mito es que un millonario podría tener bebés clonados para usarlos de reservorios para trasplantes personales. 
–La clonación de humanos es un tema que genera controversias éticas. Lo mismo ocurre con el uso de células madre o con el congelamiento de embriones para fertilización asistida…
–Yo tengo la misma posición que el Comité de Ética del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Se debería permitir el uso de células de embriones humanos con fines terapéuticos en terapias para adultos, por que un embrión no es un ser humano, puede llegar a serlo si se lo implanta en el útero. Los protocolos de reproducción asistida generan muchos embriones que puede que no sean implantados nunca, entonces en vez de mal lograrlos, podrían utilizarse. La Iglesia se opone argumentando que sería como un asesinato, pero ese embrión no es un ser humano, no tiene sistema nervioso desarrollado a menos que se lo implante.
–Algunos sostienen que la explicación científica del origen del Universo avanza hasta un límite en el que, para algunas cosas, no tiene explicación y se plantea la existencia de algo más, de una divinidad…
–La ciencia puede explicar muchas cosas, y algunas cosas las ignoramos. La ignorancia en las sociedades antiguas es lo que llevó a la creación de las religiones: el rayo, las cosechas que al no poder explicarse se le atribuyeron origen divino. Después de la revolución científica hay muchas cosas que no podemos explicar y otras que no podemos explicar porque las ignoramos. Por ejemplo, el origen de la vida, de la primer célula quizás nunca lo sepamos en detalle, eso puede producir angustia en algunos, pero los científicos estamos acostumbrados a que haya cosas que no podemos saber. Lo cierto es que una cosa es que haya ignorancia, y otra que a ese no saber se le atribuya explicabilidad por fenómenos divinos.
–¿Cree en un dios?
–No creo en ningún dios, nací ateo. No hice el camino de otras personas de formación cristiana que en algún momento se volvieron ateos por renegar de la religión o como acto de rebeldía. En mi familia somos ateos por varias generaciones. Hace poco mi tía me contó que en 1920 mis abuelos maternos se casaron y que el papá de mi abuela quería que lo hicieran por templo, pero mi abuelo era un ateo socialista. Para convencerlo le dijo que si lo hacía, le regalaba todo el juego de muebles del living, pero no aceptó. Así entendí que estaba en el imaginario familiar que uno podía negarse al soborno en pos de aceptar la religión familiar. Respeto a los religiosos, pero pido que respeten a los ateos. Conozco a muchos científicos religiosos.
–¿Y eso obstaculiza al trabajo científico?
–Sí, en el caso de que intenten resolver los problemas de laboratorio por lo divino. Creo que deben tener una disociación que resuelve la contradicción, es decir, poder separar y aceptar que no se sabe algo sin tener que darle un origen divino.
–¿Sobrevive el más apto?
–La ventaja adaptativa es una ventaja reproductiva. En la evolución el que triunfa es el que deja más descendientes o cuida más a sus crías o las crías pueden escapar más de los predadores. No siempre el más apto es el más fuerte, sino el más prolífico.
Kornblihtt trabaja en el estudio del splicing alternativo, el proceso que contribuye a generar una gran diversidad proteica a partir de un número limitado de genes. En 2009 descubrió junto a su equipo un grupo de pequeñas moléculas que regulan este proceso. "Tenemos una cantidad similar de genes que un gusano, por ejemplo, pero nuestros genes tienen la capacidad de producir muchas más proteínas. Esto genera una diversidad proteica y nos da versatilidad para adaptarnos a cambios del medio", explica. 
–¿En base a este estudio se podrán curar enfermedades?
–Por ahora, no apunta a curar enfermedades sino a tener una mejor comprensión de cómo funcionan nuestros genes. Igual, tratamos de entender cómo se regula el splicing alternativo en células de la piel en respuesta a la radiación solar lo que podría en el futuro relacionarse con el cáncer de piel.
–El trabajo sobre splicing fue uno de los que le abrieron las puertas a la academia de Ciencias de EE UU…
–Sí. Cuando me dieron la noticia estaba caminando por las calles de Washington porque había asistido a un seminario y fue una colega de la facultad quien me mandó un mensajito felicitándome. En ese momento sospeché que podría ser que me habían aceptado, fui corriendo hasta un shopping y cuando abrí mi mail vi infinidad de mensajes de felicitaciones de colegas argentinos y extranjeros, incluso de algunos que no conozco. Fue inolvidable y es un gran honor.
–¿Cómo decidió estudiar biología molecular?
–En mi casa, mi papá era ingeniero civil, mi mamá profesora de Geografía del secundario, mi hermana hizo la carrera de Computador Científico, y la otra era maestra jardinera. En la familia de mi papá eran todos maestros. A mí me gustaba mucho armar maquetas y trabajar con las manos, armaba con el mecano o maquetas de garajes y les ponía lucecitas. En cuarto año del secundario tuve mi primer acercamiento a la Biología en las clases de Botánica de la profesora Rosa Guaglianone. Ella nos entusiasmó con la aventura del conocimiento, las ganas de leer y buscar las respuestas a nuestras preguntas a través de la experimentación más que repetir como loros. Ese año vimos ADN, proteínas, y el código genético que se había desarrollado hacía poco. Entonces me dije, quiero estudiar Biología en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, hacer un doctorado en el Campomar (actual Instituto Leloir), e ir a profesionalizarme a Inglaterra, a hacer un post doctorado, y de hecho pude cumplir todo eso. En Europa comencé a trabajar en Biología Molecular y regresé en el '84 cuando en el país ya había democracia.
–¿El período que estuvo afuera tuvo que ver con la dictadura?
–No. Sólo hubo coincidencia. No fui exiliado aunque tenía un autoexilio porque siempre fui un hombre de izquierda y había militado en la FEDE (Federación Juvenil Comunista) Aunque durante la dictadura trabajé en Campomar que era un instituto muy protector con la gente que estaba ahí, era un lugar muy particular, como un oasis en el caos porque si estabas en la facultad alguien te podía denunciar y desaparecías, pero ahí estábamos cuidados. Lamentablemente el Partido Comunista tenía una actitud condescendiente con la dictadura porque charlaban con la Unión Soviética, pero luego se dieron cuenta de la clase de dictadura que se vivía.
–¿Cómo vivía un científico esa dictadura? 
–Vivíamos no hablando del tema. La mamá de un amigo estaba desaparecida, y lo único que nos atrevíamos a decirle era: ¿tenés alguna novedad? El terror había calado tan fuerte que aún aquellos que teníamos conciencia de lo que pasaba, no lo verbalizábamos. Creo que hubo una complicidad de la sociedad y una pasividad de otro sector de la sociedad en el que me incluyo, pero reconozco que estábamos inmersos en una dictadura especial. La dictadura de Onganía, Levingston, o Lanusse eran dictaduras blandas pero no había exterminio. En cambio,  la de Videla fue una masacre, un genocidio. Frente a eso, si los que sospechábamos lo que podía estar pasando intentábamos algo, el riesgo era perder la vida.
Kornblihtt vive con su mujer, que es psicoanalista, sus hijos Juan que es historiador miembro de CONICET, y Oliver, fotógrafo. "Si bien nuestros hijos ya no vine con nosotros porque ya son grandes, la pasamos muy bien juntos", dice. Además de la ciencia, tiene otras pasiones como el cine, la música clásica y la pintura. "Hago arte conceptual porque es una idea, no es algo figurativo. Trabajo con acrílico y ahora estoy habiendo cuadros de Mondrian y le agrego palitos chinos."
–¿El arte es el cable a tierra después de horas de laboratorio?
–No es casualidad que me guste. El científico puede combinar el pensamiento riguroso con el arte, es un cable a tierra. La música también tiene un orden matemático, pero lo que más me fascina de la ciencia es romper las ideas previas y en el arte me encanta el proceso por el cual uno piensa, interviene o imita.
Si bien es una frase hecha, Kornblihtt lleva la humildad como bandera, y fue el escritor Ernest Hemingway quien aseguró que dicha virtud es "el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento".  «
"Menem nos mandaba a lavar los platos"
–¿Cuál es su visión de la ciencia en Argentina?
–Estamos en uno de los grandes momentos de la ciencia argentina. La creación del ministerio de ciencia fue una gran medida y ya estamos viendo los frutos. Se trabaja en ciencia básica y aplicada, se les da el lugar que los investigadores se merecen, se financian proyectos, además la ciencia argentina ha cobrado una importante visibilidad internacional. El programa Raíces hizo un gran trabajo en materia de repatriar a tantos científicos que habían tenido que irse porque no tenían oportunidades. Nuestra ciencia ha tenido momentos terribles, como durante el gobierno de la Alianza cuando nuestros sueldos se redujeron el 13%, o durante el menemismo cuando nos mandaban a lavar los platos. Esperemos que si cambia el gobierno no se pierda todo lo logrado, porque la ciencia suele ser un blanco a la hora de los recortes. Tengo la confianza que no ocurrirá, y si lo intentaran vamos a resistir.
–Se ha definido como un defensor de la educación pública, ¿cree que podría mejorarse?
–Realmente lo soy. Creo que el Estado debería dejar de financiar a escuelas privadas y abocarse a las estatales, fundamentalmente se debe mejorar el nivel de la educación estatal secundaria que es a mi entender la más deficitaria de todos los estamentos de nuestro sistema educativo. La educación pública universitaria es de mucha calidad y vale destacar que en ellas, hay investigación, laboratorios, talleres. Para el establishment todo eso es  negativo, pero yo los veo como atributos muy positivos que conforman la base para construir un buen futuro.
El adn y las abuelas
–El estudio de ADN mitocondrial ha sido importante para la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo.
–Su uso y validación rutinaria en el caso de la búsqueda de los nietos ha sido importante. Si bien no hace falta la filiación de los padres, el estudio permite establecer relación con los familiares de la abuela materna. En ausencia de los padres, tal como ocurre con los hijos de desaparecidos, el método de elección para establecer el lazo biológico con los abuelos es el estudio del ADN de las mitocondrias que conservan su propio ADN, el cual se hereda de las madres. Esto se explica porque al momento de la fecundación, el espermatozoide inyecta sólo su núcleo en el óvulo, entonces las mitocondrias del nuevo individuo se forman con las existentes en el óvulo de la madre. Entonces su estudio permite determinar el lazo con ella y con otros familiares maternos. La verdad sobre la apropiación es un patrimonio de todos, porque conocer esas verdades significa vivir en una sociedad más justa.
Reconocimiento internacional
Alberto Kornblihtt fue galardonado con las becas Guggenheim, Houssay, investigador de la Nación 2010, también fue elegido miembro de las Academias Nacionales de Ciencias de los Estados Unidos y de la Argentina, y de la European Molecular Biology Organization. Su laboratorio estudia el splicing alternativo del ARN mensajero, el mecanismo celular que hace que cada gen pueda fabricar más de una proteína.



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