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domingo, 1 de junio de 2014

Pasolini - Las cenizas de Gramsci


“Las Cenizas de Gramsci”, de Pier Paolo Pasolini



Prólogo y traducción de Elena Tardonato


Prólogo

Es su poesía más madura en la que no se aísla, sino que se confronta con el país. Es su laceración más lúcida y despiadada. Es la descripción del drama histórico de Italia y del mundo occidental. Es el tema de la Resistencia que tiene un encuentro en los Apeninos; en la visión del paisaje natural y urbano que se vuelve expresión de un drama histórico Ceneri di Gramsci fue escrita en 1960 es decir después que Hungría en 1956 sufriera la despiadada invasión rusa, crisis que mostró el resquebrajamiento del comunismo internacional con sede en Moscú ,y anuncia lo que ocurriría en Italia con las Brigadas Rojas, con la muerte por desentendimiento de Aldo Moro.

El comunismo de Pasolini se transforma en este poema en romántico y pasa a una poesía civil no triunfal ni celebratoria ya despojado de toda ilusión pues no cree en la posibilidad de una revolución o de un cambio por un pueblo fagocitado por este nueva sociedad, e indiferente.

En L´Usignolo gritaba su herejía: aquí quema todo en el juego de la historia y el poeta queda con su mundo interior quemado y documento su crisis: cuenta, describe, razonano desde el yo sino desde un intenso interés por la vida con los demás. Descubre entonces a Gramsci que lo acerca a un lenguaje social con una nueva conciencia histórico ideológica.

Cuando en 1947 fueron publicadas las Lettere dal carcere de Antonio Gramsci provocaron una profunda impresión en toda la cultura italiana. Se trataba de una de las obras maestras de la literatura italiana del siglo, pero este no era el único motivo pues Benedetto Croce escribió que el libro pertenecía a alguien opositor pero a quien respetaba porque “tuvo alta dignidad de hombre y aceptó peligros, persecuciones, sufrimientos y muerte por un ideal.”, y agregó “Gramsci con fortaleza, serenidad y simplicidad como hombre de pensamiento fue uno de los nuestros, de aquellos que en los primeros decenios del siglo formaron una mente filosófica e histórica adecuada a los problemas del presente, entre los que me encontré como anciano”.

Croce justamente declaraba de haber encontrado en las Lettere dal carcere los frutos mejores de aquellos decenios tan ampliamente plasmados por su enseñanza “el renovado concepto de la filosofía en su tradición especulativa y dialéctica y no ya positivista y clasificatoria, la amplia visión de la historia, la unión de la erudición con el filosofar, el sentido vivísimo de la poesía y del arte en su carácter original y con ello el camino abierto a reconocer en su positivismo y autonomía todas las categorías ideales.”El reconocimiento de Croce ponía en relieve la originalidad y complejidad del marxismo de Gramsci”.

De las líneas esquemáticas de la biografía de Gramsci surge la unidad fundamental entre su vida y su obra con un compromiso ideológico político enérgicamente revolucionario, socialista primero, y luego comunista. Es esta la nota fundamental de la personalidad gramsciana así como toda su existencia dirigida a la realización de un concreto y bien definido ideal político y social asumido como misión. Sus escritos inclusive los literarios, son una dilucidación y una sistematización teórico práctica de aquel ideal.

Unidad de pensamiento y acción que ofrece otra imagen del intelectual, aquella del “intelectual orgánico” constructor y organizador, antítesis de la clásica imagen del intelectual italiano y humanista.: “el gran intelectual debe zambullirse en la vida práctica, convertirse en un organizador de los aspectos prácticos de la cultura si quiere continuar dirigiendo, debe democratizarse, ser más actual; el hombre del Renacimiento ya no es posible en el mundo moderno cuando en la historia participan activa y directamente masas humanas siempre más diferentes”.

En la formación y madurez de Gramsci contribuyeron tres experiencias fundamentales que fueron aquellas del conocimiento juvenil de la realidad humana y social de Cerdeña donde naciera en 1891 y donde permaneció hasta los 20 años, luego el acercamiento al mundo universitario y obrero de Turín, y por último el largo y doloroso encarcelamiento que concluyó con su vida en 1937. Después del ascenso al poder de Mussolini, Gramsci forja entonces claramente la idea de la formación del Partido Comunista, tan clara que fue el mismo Mussolini quien ordenara que lo encerraran pues no quería volver a escuchar su voz. Fue encarcelado en el 1926 y salió para morir en 1937, vencida ya toda su resistencia física.

En la cárcel escribió las Lettere dal carcere y Quaderni dal carcere con un estilo sobrio, esencial con un constante y ardiente amor por la verdad armado con la ironía y el sarcasmo, imponiendo podemos decir sin posibilidad de error un estilo que modificó el estilo de la lengua italiana anterior. Podemos insistir que las Lettere dal carcere además de la problemática presentada en Quaderni repropuestas de manera distinta y más laxa, conllevan acentos conmovidos y enternecidos al dirigirse al mundo familiar y doméstico en las líneas dedicadas a sus hijos a quienes de manera sutil trata de educar, de darles sentido de honor, y que se han convertido en modelo en el mundo literario italiano.

Páginas de abandono confidencial y afectuoso en las que el ambiente sardo es revocado con tonos nostálgicos. Le Lettere son un documento del largo período que Gramsci pasó en el encierro carcelario, y testimonio de un ininterrumpido diálogo con parientes, familiares, amigos, conocidos, además de un itinerario de sus intereses políticos y culturales. Asume en estas cartas actitud valiente y digna aceptando la desventura que lo golpeaba, la injusticia pues como diputado hubiera debido ser considerada su inmunidad parlamentaria. Aparecen allí una innegable serenidad, firmeza, tranquilidad interior y de ética: ” no creas que mi serenidad haya disminuido. He envejecido, tengo muchos cabellos blancos, he perdido los dientes, no río más como lo hacía una vez pero creo que me he vuelto más sabio y he enriquecido mi experiencia de los hombres y de las cosas.

Por otra parte no he perdido el gusto por la vida “El epistolario de Gramsci es evidentemente una forma de mantenerse en contacto con el mundo y con su mundo afectivo, una toma de conciencia, una forma autobiográfica de mostrar su formación en el clima intelectual del renacimiento del idealismo italiano, organizado por Croce y por Gentile, y que en ese clima absorbió numerosas ideas y fermentos.

En un célebre artículo escrito en 1918 comentando los sucesos revolucionarios en Rusia, el joven Gramsci afirmaba que la revolución de los bolcheviques estaba materializada más por ideologías que por hechos, agregando que “ésta era una Revolución contra El Capital de Marx” Señalaba así que los bolcheviques habían roto el esquema del marxismo ortodoxo según el cual una revolución socialista no era posible en un país atrasado privado de aquel desarrollo capitalista que habría creado las condiciones aptas para el Socialismo rompiendo el esquema del marxismo ortodoxo y rompiendo lanzas contra los bolcheviques, afirmaba que habían renegado de algunas afirmaciones de El Capital pero reconocía asimismo que no habían renegado del pensamiento vivificador. Agregaba luego que Lenin y sus compañeros “vivían el pensamiento marxista, aquel que no muere jamás, que es la continuación del pensamiento idealista italiano y alemán, y que en Marx estaba contaminado de incrustaciones positivistas y naturalísticas.”

Gramsci ubicaba como máximo factor de la historia no los hechos económicos sino a los hombres que desarrollan una voluntad social colectiva, que comprende los hechos económicos y los adecuan a su voluntad hasta que ésta se vuelve el motor de la economía, que plasma la realidad objetiva.

Esta concepción en la que la voluntad colectiva, el proyecto político y la cultura dependiente de éste se volvían los elementos primarios y decisivos, encontraría una formulación madura, amplia y articulada en los Quarderni dal carcere. El concepto central, la llave decisiva del marxismo de Gramsci es “la sociedad civil” la cual como ha revelado Bobbio, comprende no ya todo el complejo de las relaciones materiales como ocurría con Marx, sino todo el complejo de las relaciones ideológico culturales, no ya todo el complejo de la vida comercial e industrial sino todo el complejo de la vida espiritual e intelectual. Lo que más interesa a Gramsci es precisar la posición de los intelectuales respecto a las otras fuerzas sociales, su rol en la política y el Estado, entender qué características debería tener este nuevo tipo de intelectual que debiera ser orgánico con el proletariado. Es importante remarcar que para Gramsci el concepto de intelectual comprende a quienes cumplen cargos directivos, organizativos y educativos.

La sociedad civil así entendida se convierte para Gramsci en el momento primario y subordinante respecto al cual la estructura económica es el momento secundario y subordinado.

La relación estructura-sobrestructura como había sido formulado por el marxismo clásico, permitió a Gramsci desarrollar en toda su amplitud el concepto de “hegemonía”.

Para el pensador sardo en efecto, en los países occidentales desarrollados y por lo tanto complejamente articulados, la clase obrera y su partido político no podían limitarse al ejercicio del dominio marxística y leniniscamente entendido, sino que debían conquistar y conservar ese dominio sólo si eran capaces de ejercitar la propia hegemonía en la sociedad civil, es decir si eran capaces de elaborar una nueva cultura, una gran reforma intelectual y moral como para plasmar toda la sociedad.

Es evidente en esta concepción el notable esfuerzo cumplido por Gramsci para elaborar una estrategia revolucionaria basada sobre el consenso y no simplemente sobre la fuerza y sobre la coerción. Los instrumentos teóricos usados para actuarlos hacen de Gramsci el pensador marxista más agudo y más interesante de nuestro siglo. Sin embargo nos equivocaríamos si se quisiera ver en su concepción “expansiva” y complejamente articulada del poder político una especie de pluralismo, o de “desviación” liberal
democrática respecto al marxismo-leninismo.

Volver a visitar a Gramsci como lo hiciera Pier Paolo Pasolini en su poema Ceneri di Gramsci para mantener un diálogo con él, consigo mismo y con Italia en el cementerio de los protestantes donde está enterrado, y hablar contra la pérdida de memoria, releer su despiadada historia personal, meditar sobre la prolongación de los tiempos sin luz, marca la existencia de seres que como él llevaron más allá de los dolores y
preocupaciones personales su ideales adelante, a pesar de la vida. Como Pasolini lo describiera en el poema:

“Tu joven en aquel mayo en que el horror
era aún vida, en aquel mayo italiano
que a la vida agregaba al menos ardor
… delineabas el ideal que ilumina
… este silencio.

La expansión de los hechos políticos y sociales produjo en el mundo un nuevo tipo de escritor a mitad de camino entre la militancia y la escritura; en éstas de Pasolini el lenguaje de lugar privilegiado tiende a devenir signo autosuficiente de compromiso. Esto creo sean estas ilustres Cenizas de Gramsci.

Canto 1

No es de mayo este impuro aire
que el oscuro cementerio extranjero
hace aún más oscuro, o lo ilumina
con ciegas claridades…este cielo
de babas sobre techos amarillentos
que en semicírculos inmensos velan
las curvas del Tíber, los turquesas
montes del Lacio…Expande una mortal
paz, desamorada como nuestros destinos
entre las viejas murallas el otoñal
mayo. En él está el gris del mundo
el fin del decenio en el que nos aparece
entre las inmundicias concluido el profundo
e ingenuo esfuerzo de rehacer la vida,
el silencio, putrefacto e infecundo…
Tú joven, en aquel mayo en que el error
significaba aún la vida, en aquel mayo italiano
que a la vida agregaba al menos ardor,
por lo menos despreocupado e impuramente sano de nuestros padres-no padre, pero
humilde hermano- con tu flaca mano
dibujabas el ideal que ilumina
(pero no para nosotros: tú muerto, y nosotros
muertos igualmente, contigo, en el húmedo
jardín) este silencio. No puedes,
lo ves? que descansar en este lugar
extraño, aún confinado. Tedio
patricio te rodea. Y desteñido
sólo te llega algún golpe de martillo
de los talleres del Testaccio aquietado
en el atardecer entre miserables techos, desnudos
montones de lata, hierros viejos, donde
canta inútilmente un muchachón que concluye
su jornada, mientras alrededor la lluvia cesa.

Canto 2

Entre los dos mundos, la tregua en la cual no estamos…elecciones, abandonos, otros
sonidos no tienen que éstos del jardín acongojado
y noble, en el que el tenaz engaño
alentaba la vida, queda en la muerte.
Los círculos de los sarcófagos no hacen más
que mostrar la sobreviviente suerte
de gente laica de laicas inscripciones
en estas grises piedras, cortas
e imponentes. Aún de pasiones
sin freno sin escándalo han ardido
los huesos de los poderosos de naciones
más grandes: silban, casi nunca desaparecidas
las ironías de los príncipes, de los pederastas
cuyos cuerpos están en las urnas esparcidos
ya cenizas y no aún castos.
Aquí el silencio de la muerte es fe
de un civil silencio de hombres permanecidos
hombres, de un tedio que en el tedio
del parque, discreto cambia: y la ciudad
que indiferente, lo confina en medio
de tugurios y de iglesias, sacrílego en la piedad
allí pierde su esplendor. Su tierra
plena de ortigas y verdores alimenta
esos flacos cipreses, esta negra
humedad que mancha los muros alrededor
de los flacos entrelazamiento de los tallos, que el anochecer
apaga serenando desnudos
olores de alga…este pasto débil
e inodoro, donde se hunde violeta
la atmósfera, con un temblor de menta
o heno podrido, y quietamente anuncia
con diurna melancolía, la apagada
trepidación de la noche. Aspero
de clima, dulcísimo de historia, está
entre estos muros el suelo que suda
otro suelo; esta humedad que
recuerda otra humedad; y resuenan
familiares de latitudes y
horizontes donde inglesas selvas coronan
lagos perdidos en el cielo, entre praderas
verdes como billares fosfóricos o como
esmeraldas: “and O ye Fountains…”las piadosas
invocaciones

Canto 3

Un trapo rojo como aquel
enroscado en el cuello de los partisanos
y cerca de la tumba, sobre el terreno calcinado
diferentemente rojos, dos geranios.
Allí yaces, señalado con adusta elegancia
no católica, en el elenco de los extraños
muertos: Las cenizas de Gramsci… A la esperanza
y a la vieja desconfianza te acerco,
caminante sin rumbo en esta flaca tierra, frente
a tu tumba, a tu espíritu apresado
acá entre estos liberados (O existe algo
diferente, quizás de mayor éxtasis
y también de mayor humildad, ebria simbiosis
adolescente de sexo y muerte…)
y desde este país en el que no tuvo descanso
tu alerta, percibo qué error
aquí en la quietud de las tumbas- junto
a qué razón -en el inquieto destino
nuestro- tuviste escribiendo las supremas
páginas en los días de tu asesinato.
Aquí para testimoniar el semen
aún no esparcido del antiguo dominio,
estos muertos aferrados a una posesión
que ahonda en los siglos su abominación
y su grandeza: y al mismo tiempo obsesión
esa vibración de yunques, sordamente
sofocada y profunda- del humillado
barrio-para verificar el fin.
Y heme aquí…pobre, vestido
con ropas que los pobres espían en las vidirieras
de chillón fulgor, y que han perdido
la suciedad de perdidas calles
de los bancos de tranvías que vuelven
confuso mi día: mientras siempre más raras
son estas vacaciones, en el tormento
de mantenerme vivo; y si me ocurre
de amar el mundo no es más que por un violento
e ingenuo amor sensual
así como, confundido adolescente, en una época
lo odié, si me hería el mal
burgués a mi burgués: y ahora, dividido
-contigo- objeto parece
de rencor y sí casi de místico
desprecio, la parte que tiene el poder?
sin embargo sin tu rigor, subsisto
porque no elijo. Vivo en la apatía
de la eclipsada postguerra: amando el mundo que odio- su miseria
despreciable y perdida- por un oscuro escándalo
de la conciencia…

Canto 4

El escándalo de contradecirme, de estar
contigo y contra tí; contigo en el corazón
a la luz, contra tí en las oscuras vísceras;
de mi paterno estado traidor
en el pensamiento, en una sombra de acciónme
sé a él aferrado en el calor
de los instintos, de la estética pasión;
atraído por una vida proletaria
anterior a tí, es para mí una religión
su alegría, no su milenaria
lucha; su naturaleza, no su
conciencia; es la fuerza originaria
del hombre que en el acto se ha perdido
que da a la ebriedad de la nostalgia
una luz poética; y más
no sé decir. que no sea
justo pero no sincero, abstracto
amor, no profunda simpatía…
Como los pobres, pobre, me aferro
como ellos a humillantes esperanzas,
como ellos por vivir lucho
cada día. Pero en la desolada
condición mía de desheredado
yo poseo: y es la más exultante
de las posesiones burguesas, el estado
más absoluto. Pero como yo poseo la historia
ésta me posee: me ha iluminado
pero para qué sirve la luz?

Canto 5

No menciono al individuo, al fenómeno
de ardor sensual y sentimental
y de hábitos, otro es el nombre
y la fatalidad de su pecar.
Pero en él mezclados como comunes
vicios uterinos, y como
preciso el pecar! No son inocentes
los internos y extremos actos, que lo hacen
encarnarse a la vida, y por ninguna
de las religiones que en la vida están,
hipoteca de muerte, instituidas
para engañar la luz, para dar luz al engaño.
Destinados para ser sepultados
sus despojos en el Verano, es católica
su lucha con ellas: jesuíticas
las resistencias con que dispone el corazón
y aún más adentro; tiene bíblicas astucias
su conciencia…e irónico ardor
liberal… y torpe luz, entre los disgustos
de dandy provincial, de provincial
salud…Hasta los mínimos detalles
con que se desdibujan, en el fondo animal
Autoridad y Anarquía…bien protegido
por la impura virtud y por el ebrio pecar,
defendiendo con ingenuidad de fanático
con mucho entusiasmo !Vive el yo :yo
vivo, eludiendo la vida, teniendo en el pecho
el sentido de una vida que signifique el olvido
profundo, violento…Ah como
entiendo, mudo en la fraternal caricia
del viento, aquí donde permanece muda Roma
entre los cipreses cansadamente sacudidos
cerca de tí, el alma de la que el grafito susurra
Shelley…comprendo ahora el remolino
de sentimientos, el capricho (griego
en el corazón del patricio, nórdico
viajero) que lo tragó en el ciego
celeste del Tirreno, la carnal
alegría de la aventura, estética
y pueril, mientras yaciendo Italia
como dentro del vientre de una enorme
cigarra, abre los blancos laterales
esparcidos en el Lacio con veladas
muchedumbres de pinos barrocos, de amarillentos
espacios la radicha donde duerme
con el miembro hinchado entre jirones un sueño
goethiano, el joven pastor romano…
En la Maremma, oscuros, de soberbias cuevas
de hierbas, entre las que se destaca claramente
el almendro, por los senderos que la huella
de su juventud colma ignorando.
Ciegamente perfumadas en las secas
curvas de Versilia, que sobre el mar
enroscado, ciego, las tersas pinceladas
de los encastres leves de su pascual
campaña enteramente humana
expone, oscurecida en Cinquale
desovillada bajo la tórrida Apuana
los azules vítreos sobre el rosa…De escollos,
rotos, sacudidos, como por un pánico
de fragancia en la Ribera, blandura
ríspida donde el sol lucha con la brisa
para dar suprema suavidad al aceitoso
mar…Y alrededor zumba alegremente
el exterminado instrumento de percusión
del sexo y de la luz: así acostumbrada
está Italia que no tiembla, como
muerta en vida: gritan con ardor
desde cientos de puertos el nombre
del compañero y los jóvenes sudorosos
en la oscuridad del rostro, entre gente
de la ribera, en los huertos de cardos en sucias playas…
Me pedirás tú, muerto descarnado
abandonar esta desesperada
pasión de estar en el mundo?

Canto 6

Me voy, te dejo en el atardecer
que aunque triste, tan dulcemente desciende
para nosostros los vivos, con la luz de vela
que al barrio en penumbra descubre.
Y lo desordena. Lo hace aún más grande, vacío
más amplio y lejano, lo enciende
de una vida inquieta, y del ronco
rodar del tranvía, de los gritos humanos
dialectales, conjuga un concierto sordo
y absoluto. Y sientes cómo en aquellos lejanos
seres que en la vida gritan, ríen,
en aquellos sus vehículos, en aquellos tristes
caseríos donde se consume el infiel
y expansivo don de la existencia esa
vida no es más que un temblor,
corpóreo, colectiva presencia;
sientes la ausencia de toda religión
verdadera, no vida sino sobrevivencia
-quizás más dulce que la vida- como
de un pueblo de animales, en el que el misterioso
orgasmo no tenga otra pasión
que la del actuar cuotidiano:
humilde fervor a la que da sentido festivo
la humilde corrupción. Cuanto más vano es
en este vacío de la historia, en esta
ronroneante pausa en la que la vida callantado
ideal, mejor se manifiesta
la estupenda, adusta sensualidad
casi alejandrina, que todo lima
e impúdicamente enciende, cuando acá
en el mundo algo se derrumba, y se arrastra
el mundo, en la penumbra al volver
a plazas vacías, a talleres sin entusiasmo…
Ya se encienden las luces, ribeteando
vía Zabaglia, vía Franklin, todo el
Teataccio, despojado de su gran
escuálido monte, los caminos a lo largo del Tíber,
la negra profundidad, más allá del río,
que Monteverde amasa o esfuma invisible sobre el cielo.
Diademas de luces que se pierden
brillantes y frías de tristeza
casi marina…Falta poco para la cena;
brillan los pocos ómnibus del barrio
con racimos de obreros en las puertas
y grupos de militares van, sin apuro
hacia el monte que cobija en medio de montones
sucios y muchos cestos de basura
a la sombra, subrepticias mujerzuelas
que esperan ansiosas sobre la basura
afrodisíaca; y no lejos, entre casillas
abusivas a los costados del monte, o en medio
de las casonas, como mundos, muchachones
livianos como jirones juegan en el aire
no ya frío, primaveral; ardientes
de desenfado juvenil su romana
tarde de mayo, oscuros adolescentes
silban por la calle, en la fiesta
vespertina; y estruenden las persianas
de los garages de golpe, alegremente
si la oscuridad vuelve sereno el atardecer,
y en medio de los plátanos de la plaza Testaccio
el viento que cae en lenguas de tempestad
es muy dulce, aunque afeite los sombreros
y los olores del matarife, se odorice
con sangre putrefacta, y por doquier
sacuda rechazos y olor de miseria.
Es un murmullo la vida, y estos perdidos
en ella, la pierden serenamente
si el corazón tienen colmo de ella: a gozar
he los miserables, el atardecer; y potente
en ellos, inerme para ellos, el mito
renace…Pero yo con el corazón consciente
de quien solamente en la historia tiene vida
podré alguna vez por pura pasión actuar
si sé que nuestra historia ha concluido?

Fuente: ACCIÓN COMUNISTA

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