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domingo, 10 de febrero de 2013

La guerra que Argentina no fogoneó - Irán


Consideraciones previas: ( de  Danieladrián, esta nota introductoria no pertenece al editorial )
Es altamente probable, que en estos últimos años, de haber  mediado  una acción deliberada por parte del gobierno argentino - grandilocuente, aparatosa, excesiva, acusando a Irán y "calentando el ambiente" con respecto a los sucesos - que seguramente sería fogoneada desde los intereses bélicos EEUU-Israel;  al momento, ya se hubiera producido una guerra de lamentables proporciones con "una causa justificada mas", ésta, que rebalsa el ras de la copa. El aparato bélico de EEUU-Israel y sus aliados necesita de estos factores externos para justificar un ataque, invasión, o un bombardeo. 
También es probable, que un sector involucrado en el atentado, haya plantado pruebas para que se llegue a la conclusión de la participación directa de Irán en la causa.
Un juez ecuánime, un investigador  razonable, ante una situación que parezca concluyente, a pesar de eso mismo, debería preguntarse : " Y por que no esta otra posibilidad ? "
- Porqué no pensar, que toda esta dilación y encubrimiento, solo apunta a dejar "pegado" al gobierno de Irán, y que este gobierno argentino no les va a regalar esta "pieza" fundamental a la alianza guerrera ?

10.02.2013 | 01:35 | http://www.infonews.com/2013/02/10/politica

El abuso político de los muertos de la AMIA

El acuerdo para indagar a los iraníes en Teherán y la impúdica reacción opositora. Entre la desazón y la esperanza.

El próximo 18 de julio se cumplirán 19 años de la voladura de la AMIA, el mayor atentado terrorista de la historia nacional. A pesar del tiempo transcurrido, hay sólo cuatro certezas: aquella mañana hubo 85 asesinatos, en el expediente se comprobó la existencia de una camioneta-bomba, los investigadores judiciales, policiales y hasta funcionarios políticos del menemismo fueron condenados por encubrimiento y la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIE) terminó judicializando un informe producido por servicios extranjeros que apunta a un grupo de altos funcionarios iraníes como conexión internacional.
Es poca verdad para tanto tiempo. Pero este dato, aunque central, tal vez no sea el más reprobable de la historia: lo que indigna es el abuso político de los muertos de la AMIA.
La interna entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde por la presidencia hundió la investigación original, que tenía 172 mil fojas, de las cuales servía apenas un puñado. En 2005, durante un juicio oral y público por el que desfilaron 1231 testigos, el expediente volvió a la foja 8: la del hallazgo del motor de la camioneta. Fueron diez años tirados a la basura, que podrían resumirse en que un juez menemista metió presos a un grupo de policías duhaldistas como parte de la conexión local, a los que finalmente hubo que liberar porque se demostró el armado de la evidencia con fondos de la SIDE de Hugo Anzorreguy. La consecuencia fue un nuevo juicio que recuperó algo, muy poco, de la instrucción previa y sirvió para que, con el impulso clave del kirchnerismo, se procesara a los que desviaron la pesquisa, entre ellos, Menem, Anzorreguy y hasta el comisario "Fino" Palacios, elegido por Mauricio Macri como primer jefe de su Policía Metropolitana, luego preso por pincharle los teléfonos a Sergio Burstein, uno de los familiares de las víctimas, precisamente, de la AMIA.
Fue un avance. Pero un avance amargo. Porque fue admitir, a la vez que se sancionaba a los que impidieron llegar a la verdad, que la verdad quedaba muy lejos, a varios años de cosas mal hechas de distancia. Al día de hoy, la "conexión local" sigue envuelta en el misterio y la impunidad.
No ocurrió lo mismo con la llamada "conexión internacional". El grupo de iraníes finalmente imputado como promotor de la voladura fue señalado por varios servicios de inteligencia extranjeros, entre ellos, la CIA, y fue la SIE local la que judicializó esos informes. Hay dos maneras de entender la irrupción de la pista iraní en el expediente: una, la que prevalece, asegura que en materia de esfuerzos antiterroristas a escala mundial, no se puede evitar tomar como válida la información producida por la comunidad internacional especializada; y otra, que sostiene que los iraníes son inculpados como parte de la estrategia de demonización de la República de Irán por parte de sus enemigos, los Estados Unidos e Israel. Esta última, más allá del enfoque geopolítico razonable, está anclada en el barro de la fallida investigación original, que habilita todo tipo de prejuicios al respecto. Por caso, aun hoy, a pesar de que ninguna de las partes judiciales cuestiona la existencia de la camioneta bomba, sobreviven tan enfáticas como incomprobables versiones que hablan de volquetes, auto-atentados y yerbas parecidas.  
La primera, en cambio, es la que avanzó con el apoyo de la justicia argentina, los familiares de las víctimas y las organizaciones de la comunidad judía, con el aval decidido de dos presidentes constitucionales, Néstor y Cristina Kirchner, como parte de su política de Memoria, Verdad y Justicia.
Es, precisamente, la que recibió un nuevo impulso de la presidenta el jueves pasado, cuando por cadena nacional anunció que enviaba al Parlamento el memorándum de Entendimiento con Teherán, producto del encuentro diplomático que se comenzó a desandar en la ONU hace unos meses. 
Sin embargo, primero el Estado de Israel, después el presidente de la AMIA, más tarde Patricia Bullrich y el PRO, y finalmente, con menos enjundia, el titular de la DAIA, lo rechazaron como inviable, cerrando una ventana al futuro que, en el peor de los casos, volverá a estar cerrada como lo está hoy, pero que si funciona mínimamente habrá sacado a la causa del estancamiento.
Decíamos al principio que hay poca verdad recogida en casi dos décadas para honrar a los 85 muertos, y llevar paz y justicia definitiva a sus familiares. Desde que Interpol accedió a poner en su lista a los iraníes acusados, tampoco pasó demasiado. 
Es más, cuando Hadi Soleimanpour fue detenido en Londres, Alemania intervino y fue liberado, sin ser extraditado a la Argentina. La excusa inglesa fue que el pedido argentino estaba mal hecho. El Estado de Israel, en aquel momento, no protestó. Pero sí lo hizo ahora, llamando al embajador argentino a consulta, cuando el entendimiento entre los cancilleres de Argentina e Irán tomó estado público.
Es curiosa la reacción que provocó el entendimiento con Irán. Desde los tiempos en que integró la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Investigación, Cristina Kirchner mantuvo una conducta que los familiares, la AMIA y la DAIA siempre rescataron. 
Fueron, incluso, muy elogiosos de la voluntad política del kirchnerismo reflejada en los decretos y leyes que permitieron arrancar de la vergüenza un expediente estropeado por la malicia y la falsedad de los actores protagónicos de la política de los ’90, y que incluye a algunos dirigentes comunitarios como Rubén Beraja.
Pero nada de esta historia previa parece haber sido suficiente. De golpe, el gobierno se transformó en un socio de Irán y hasta Guillermo Borger, el titular de la AMIA, llegó a decir que se estaba abriendo la puerta a un tercer atentado. Subyace por ahí, incluso, la versión de que el acuerdo estaría motivado en una revinculación comercial de Argentina e Irán a gran escala, motorizada por Hugo Chávez, y que para eso hay que cerrar el expediente con urgencia. 
Lo no dicho, aunque sugerido por voceros antikirchneristas en la disputa de sentido alrededor del caso, es que la presidenta estaría traicionando a los muertos de la AMIA por plata. 
Borger debería pedirle explicaciones al Grupo Grobo, uno de los que más se beneficia del intercambio comercial con Irán, antes de dejarse llevar por el impulso. Los antecedentes del gobierno en la materia deberían bastar para reducir al ridículo estas y otras afirmaciones. La marcha misma que Patricia Bullrich quiere hacer al Museo del Holocausto, todo es una absoluta locura.  
¿Otra vez los muertos de la AMIA están siendo utilizados para resolver pleitos políticos? ¿Borger actúa como actúa por la influencia del PRO en la interna comunitaria? Con la AMIA, no, por favor. Ya hubo un Beraja. E hizo mucho daño.
Para volar la AMIA, los terroristas primero tuvieron que pisar suelo nacional y los muertos son argentinos, y es cierto que los blancos fueron instituciones judías. Las dos cosas son verdaderas y reclaman la misma verdad. Pero que una decisión soberana de la Argentina sea reprochada de manera tan airada por el Estado de Israel, ¿no constituye una injerencia en asuntos de un país extranjero? La doble vara con la que actúa sorprende. 
No dijo nada por lo de Soleimanpour, cuya impunidad fue garantizada por el Reino Unido. Pero se altera cuando la Argentina consigue las indagatorias de los iraníes implicados en el expediente, sin resignar nada de lo conseguido hasta aquí. Que el presidente de Irán desconozca la Shoá o quiera fabricar la bomba nuclear, lo convierte en un sujeto hostil y peligroso. Pero la paz no se hace con los buenos, se concreta con el enemigo. 
Cuando Israel quería rescatar al soldado Gilad Shalit, en un caso de mucha repercusión internacional, tuvo que sentarse a hablar con Hamaás, y acceder a liberar a 300 presos palestinos, muchos de ellos, de los denominados "manos sangrantes", es decir, participantes de hechos criminales, que el gobierno israelí había jurado que nunca iba a liberar. Se sentaron a negociar. ¿Acaso Estados Unidos no está negociando también con las autoridades iraníes en este preciso momento? ¿Eso los convierte en aliados?
Si en el expediente AMIA hay iraníes involucrados, hay que hablar con Irán. Así piensa el gobierno argentino, que lo puso a consideración del Parlamento; y si finalmente logra indagar a los imputados, aunque sea en Teherán, la investigación judicial habrá dado un paso adelante, entrando en fase de condena, a 19 años de la voladura.
Nadie sabe si esto va a funcionar. Las dudas generales son fundadas. Pero no es un paso más. Es el intento diplomático más serio y audaz encarado hasta ahora por evitar la impunidad definitiva. 
La decisión de Cristina Kirchner es osada, dentro del Estado de Derecho y con las leyes argentinas. Nadie imagina que nuestro país elija otro camino para resolver este asunto. Cuando el presunto ideólogo de las voladuras de la Embajada de Israel y la AMIA, el jefe militar de Hezbollá, Imad Mughnieh, fue ajusticiado por un comando, el Estado de Israel no admitió su autoría. 
La Argentina de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en cambio, no busca venganza, sólo justicia.
Detrás del uso impúdico de los muertos de la AMIA por la política buitre local, de los intereses geopolíticos mundiales en juego y de la razonable incertidumbre que siempre genera el futuro, aparece una luz.
Hace ocho años, con Gustavo Cirelli, actual director periodístico de Tiempo Argentino, quise escribir un libro sobre el atentado. Se llamó AMIA, la verdad imposible. 
Fue un catálogo de la decepción: toda la causa judicial llevaba a la nada misma. Reafirmó mi más racional pesimismo: jamás sabríamos lo que pasó y, mucho menos, habría justicia. Sin alejarme de la prudente distancia que exige el oficio periodístico y de la natural desconfianza que producen los antecedentes, creo que el acuerdo es una manera más de perseguir la verdad que hace falta, porque la que hay es muy poca, y ya lo sabemos. Ahora, quizá, sepamos algo más sobre la tragedia. Sólo porque alguna vez Antonio Gramsci habló del optimismo del corazón, yo no rechazaría abrirle la puerta a la esperanza.

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