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viernes, 8 de febrero de 2013

La violación de derechos humanos como negocio




La violación de derechos humanos como negocio

 Por Juan Gelman
Una Europa agobiada por la crisis económica global, los estruendos de la guerra civil en Siria, la protesta ciudadana en Egipto contra un gobierno islamista, el atentado de Al Qaida en Bulgaria y otros aconteceres de este vasto mundo apenas si han dejado una flaca rendija al conocimiento del informe de la misión internacional de la ONU sobre los asentamientos israelíes en territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Este (www.ohchr.org, 31-1-31). Creada por la Resolución 19/17 del Consejo de Derechos Humanos (CDH), presidida por la eminente jurista francesa Christian Chanet e integrada por otros tres jueces, su tarea consistió en averiguar la situación creada por los asentamientos israelíes ilegales en esos territorios.
El gobierno israelí no permitió el acceso del grupo a Cisjordania, pero a lo largo de seis meses sus miembros registraron los testimonios de palestinos habitantes de esa zona que limita con Jordania. La conclusión central de la misión: Israel comete una serie de violaciones de los derechos humanos que “se caracterizan sobre todo por la negación del derecho a la autodeterminación y la sistemática discriminación contra el pueblo palestino que se producen cada día”. El periódico israelí Ha’aretz calificó el informe de “la más dura condena de la política de Israel en Cisjordania desde 1967” (www.haaretz.com, 5-2-13). Es, de hecho, el primero de una misión de la ONU que sugiere la imposición de sanciones a Israel.
La doctora Chanet presentó las conclusiones de la misión en una conferencia de prensa que tuvo lugar en Ginebra y subrayó que los asentamientos israelíes violan el artículo 49 del Convenio de la ONU relativo a la protección de personas civiles en tiempos de guerra. Preguntada si las acciones de Israel constituyen crímenes de guerra, contestó que estaban contempladas en “el artículo 8 del Estatuto de la Corte Penal Internacional atinente a los crímenes de guerra. Esa es la respuesta”, remató (www.nytimes.com, 31-1-13).
El informe detalla las medidas que obedecen a “un patrón general de contravenciones” al derecho internacional y revela un aspecto poco conocido: el de los beneficios económicos que entraña la construcción de asentamientos en territorio palestino, cuyo número se estima en 200, habitados por 520.000 israelíes. Indica, por ejemplo: la compañía nacional del agua Mekorod y la agroindustria privada Mehadrin vienen perforando el territorio cisjordano para alcanzar las napas profundas de ese tesoro escaso en el país, el agua. Esto ha provocado el agotamiento de los pozos de agua palestinos, con las consecuencias humanas y agrícolas previsibles.
El informe indica que los asentamientos israelíes consumen el 80 por ciento de toda el agua extraída en esta zona y nunca sufren cortes, como ocurre con la población palestina. La Organización Mundial de la Salud estima que cada persona debe tener acceso al uso de 100 litros de agua por día. Los colonos asentados en Cisjordania –anota el informe– consumen 400 litros, los palestinos sólo 73 y los beduinos apenas 10.
La misión de la ONU reunió además información demostrativa de que las compañías privadas israelíes han alentado y aprovechado, directa o indirectamente, la construcción y el aumento del número de asentamientos. Menciona las actividades rendidoras para las empresas: suministro de equipos y materiales a los asentamientos y para la construcción del muro israelí, equipos de vigilancia e identificación incluso para los retenes militares, equipos para la demolición de casas y la destrucción de granjas, cosechas y olivares, palestinos, desde luego. La lista sigue.
La misión de la ONU detectó una variedad de operaciones bancarias y financieras destinadas a expandir y mantener los asentamientos, tales como préstamos para la construcción de viviendas y negocios, el uso de recursos naturales, en particular el agua y la tierra, con fines económicos y un hecho notorio: los mercados económicos y financieros palestinos son cautivos de Israel.
El grupo de jueces entrevistó académicos, diplomáticos, representantes de organizaciones civiles y palestinas, y demanda el cese de la instalación de más asentamientos y el retiro de los existentes. El informe se dio a conocer dos días después de que Israel no asistiera a una reunión convocada para evaluar su situación en materia de derechos humanos. Es la primera vez que un país no participa en un proceso acordado por 193 naciones de la ONU.
Ygor Palmor, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, declaró que el CDH “sistemáticamente trata a Israel de manera injusta” y defendió así la decisión de no cooperar con la misión de la ONU: “Si las cartas están marcadas, ¿se espera de nosotros que juguemos de todos modos?”. Tenía razón, pero olvidó decir que es Israel el que las marca.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Los Verdaderos blancos de Benjamín Netanyahu - La guerra continúa...




Seguna parte: Extraido de http://www.infonews.com

Detrás de la tregua en Gaza




Las guerras tienen su propia lógica. Casi todas, menos las de Gaza. Allí, los conflictos bélicos no son más que una cadena continua de acciones a las que les siguen represalias, a las que –en escasas oportunidades–, les sigue una precaria tregua, un alto el fuego en el que todos los actores se reivindican triunfadores, porque las victorias se miden según el número de muertos causados al oponente. En ese sentido, los ocho días de ataques entre Israel y Hamas –que concluyeron el 20 de noviembre en otro alto el fuego– han sido otro trágico laboratorio de pruebas en el que los principales actores locales, regionales y globales han tratado desesperadamente de mejorar posiciones. Si el alto el fuego vuela en pedazos en días o semanas, como ha sucedido con todos los anteriores, se volverá de nuevo al punto cero. Si, a pesar de violaciones aisladas se respeta y se avanza hacia un acuerdo estable, Hamas podría salir de las listas estadounidense y europea de grupos terroristas y convertirse en el nuevo representante del pueblo palestino en detrimento de la Autoridad Nacional Palestina que gobierna Cisjordania bajo el liderazgo de Mahmud Abbas.

En el intercambio de bombas y misiles murieron más de 164 palestinos y, al menos, seis israelíes. Israel dice haber destruido unos 1.500 objetivos palestinos y Hamas declara haber lanzado contra territorio israelí otros tantos misiles, causando daños que el diario hebreo The Marker calcula en unos mil millones de dólares. El Estado hebreo reconoce que sólo 58 de esos misiles cayeron sobre zonas pobladas de Israel y que, gracias al sistema antimisiles recibido de los EE.UU., Iron Dome, destruyó en el aire 421 de los 479 cohetes palestinos más letales.

El resultado provisional de esta guerra inconclusa es el reforzamiento de protagonismo del nuevo presidente egipcio Mohamed Mursi, la apertura de un diálogo estratégico embrionario de Washington y Tel Aviv con los Hermanos Musulmanes egipcios, un Hamas más fuerte porque posee misiles capaces de alcanzar Jerusalén y Tel Aviv, una Autoridad Palestina más débil en los territorios ocupados y una caída de seis puntos en las encuestas de la nueva formación creada por el premier Netanyahu y su ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, para las elecciones anticipadas del 22 de enero, según indica un sondeo publicado este viernes por el diario Maariv.

La movilización diplomática para conjurar cuanto antes la asimétrica escalada bélica en Gaza ha puesto en evidencia la contradictoria posición de Benjamin Netanyahu, quien tras apostar por el republicano Mitt Romney en las presidenciales estadounidenses desnudó su debilidad frente a Obama, al permitirle evitar otra sangrienta ofensiva terrestre.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, llegó casí sin aliento a El Cairo para serenar a Netanyahu, quien al borde del pánico estaba dispuesto a aceptar todas las condiciones de los palestinos. A diferencia de lo ocurrido durante la operación Plomo Fundido, registrada entre diciembre y enero de 2008-2009, cuando Israel durante 22 días se negó a detener su política de tierra arrasada por aire, mar y tierra, esta vez fue Israel la que pidió a Egipto y a sus aliados occidentales que presionasen para que Hamas aceptara una tregua y fue Hamas quien impuso las condiciones que fueron finalmente suscriptas por Israel casí al pie de la letra. Para que Israel y Estados Unidos hayan aceptado la principal condición palestina firmando –en el documento de la tregua– la apertura de todos los pasos fronterizos con Gaza, no sólo el de Rafah en la frontera con Egitpto sino los que comunican la franja de Gaza con el propio Israel, las cosas en el interior de Israel debían ir muy mal, por mucho que la censura militar israelí lo haya ocultado a su propia población y al mundo.

Lo cierto es que los cohetes palestinos que cayeron sobre Tel Aviv y Jerusalen pusieron en peligro el futuro electoral de Netanyahu.

Ahora, con tal de aislar y debilitar a la Autoridad Palestina, con la que no ha contado para nada desde hace años, Netanyahu parece dispuesto –respondiendo a una revisión profunda de sus servicios de inteligencia a los cambios en Túnez, Libia, Egipto, Jordania y Siria– a ayudar a Hamas. La condición es que Hamas acepte reconocer a Israel, dejar de disparar y negociar. Por lo pronto, Hamas ya rompió sus lazos con Siria e Irán y estableció fuertes nexos con el Emirato de Qatar, donde ahora residen sus máximos dirigentes.

Al negociar con Hamas a espaldas de la Autoridad Nacional Palestina –que gobierna en Cisjordania–, el premier israelí Benjamin Netanyahu y Barack Obama pretenden neutralizar la inminente incorporación de Palestina como Estado observador –equiparable al Vaticano– a la Asamblea General de la ONU.

Los palestinos tienen asegurada una mayoría más que suficiente en la Asamblea, pero la “operación nuevo estatus” servirá de poco a la Autoridad Palestina si Hamas e Israel negocian a sus espaldas, con ayuda de Washington.

Basta repasar la historia para comprender que la organización islámica a la que Tel Aviv hoy pinta como un Frankenstein del Medio Oriente fue –en su momento–, una creación del Mossad israelí para debilitar a la laica OLP de Yasser Arafat.

Zeev Sternell, historiador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que recibió el Premio Israel para la Ciencias Políticas en 2008, afirmó: “Israel considera que (la creación de Hamás) es una inteligente estratagema para poner a los islamistas en contra de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)”.

La primera ministra Golda Meir vio el auge del islamismo como una oportunidad para contrarrestar el aumento del movimiento Fatah de Arafat. En octubre de 1987, el semanario israelí Koteret Rashit decía: “Las asociaciones islámicas, así como la universidad, han sido apoyadas y alentadas por la autoridad militar israelí”. A los islamistas Israel les permitió reforzar su presencia en los territorios ocupados. Mientras tanto, los miembros de Al Fatah (Movimiento para la Liberación Nacional de Palestina) y la izquierda palestina fueron sometidos a una brutal represión.

Cuando la Intifada comenzó, en octubre de 1987, el jeque Yassin respondió mediante la creación de Hamas (el Movimiento de Resistencia Islámico). Israel bendijo esa creación porque suponía un golpe a Arafat. Después, en 1993, Hamas se opuso a los acuerdos de Oslo. Israel lo apoyó porque le interesaba torpedear esos acuerdos.

El trato que Israel dispensaba a Ahmed Yassin fue siempre “exquisito”. Era el peón que utilizaban como ariete contra Arafat. Cuando Hamas se le fue de las manos a Israel y ésta vio que Hamas acabaría controlando Gaza y Cisjordania, Yassin fue asesinado por Israel en 2004 en una de sus denominadas “operaciones selectivas” mientras lo sacaban en su silla de ruedas de una sesión de oración de madrugada. Fue alcanzado por misiles disparados por helicópteros de ataque.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Los verdaderos blancos de la guerra en medio oriente


Texto de autoría del periodista Walter Goobar relacionado a los últimos acontecimientosde guerra entre Israel y ...

Los verdaderos blancos de Benjamín Netanyahu

http://www.infonews.com


El miércoles, un misil israelí impactó en un coche en una calle de Gaza y mató a dos personas: uno de ellos era Ahmed Yabari, el líder militar de Hamás, el otro era su hijo. El hombre asesinado por Israel era el jefe del ala militar de Hamás. Numerosos medios de comunicación lo presentaron como un “terrorista” y responsable de todos los ataques contra Israel. Una imagen que no tiene nada que ver con la realidad. El periodista israelí Aluf Benn, en el diario Haaretz, de este jueves, explica que “Ahmed Yabari era un subcontratista, responsable del mantenimiento de la seguridad de Israel en la Franja de Gaza”.
Haaretz revela que Yabari no fue eliminado por su supuesta peligrosidad, sino porque estaba buscando la paz. Ésta no es una afirmación retórica ni obra de una maniobra de victimización de Hamás, sino que quien lo afirma es nada menos que Gershon Baskin, un mediador israelí que llevaba y traía propuestas entre Yabari y altos cargos israelíes. Se negociaba una tregua permanente, con acuerdos que habrían evitado la terrible espiral de provocaciones y represalias. En el lado israelí estaban alargando el proceso, pero el miércoles, Baskin le hizo llegar a Yabari el último borrador. Horas más tarde, un misil lo mató.
Es cierto que en los últimos meses, los lanzamientos de misiles no habían cesado, pero incluso en la última semana de octubre, cuando desde Gaza salió un centenar de disparos, no hubo daños ni afectados en Israel: siempre caían en terreno baldío.
Basta con observar los gráficos publicados por el propio Ministerio de Asuntos Exteriores israelí sobre los disparos de cohetes del 14 de noviembre de 2012, para darse cuenta de que, en general, la tregua fue real del lado palestino. Sólo fue rota por los ataques del ejército israelí los días 7, 8 y 13 y 14 de octubre.
Por otra parte, el balance de víctimas desde la tregua de enero de 2009 que siguió a la operación Plomo Fundido, lo confirma. El informe de la organización israelí de defensa de los derechos humanos B’Tselem sobre los palestinos e israelíes muertos en Gaza desde el 19 de enero de 2009 hasta el 30 de septiembre de 2012 es claro: 271 palestinos (de ellos 30 menores) contra 4 israelíes. Las cifras hablan por sí solas...
Aunque cada víctima –por ambos bandos–, encierra un crimen y una tragedia, el escaso número de muertos israelíes no era casual: era una orden del ahora asesinado Ahmet Yabari, el todopoderoso dirigente de Hamás que estaba negociando un acuerdo con los israelíes. Tras su muerte, se volvió a la política del ojo por ojo: el jueves murieron tres civiles israelíes por un cohete lanzado desde Gaza y el viernes sonaron –por primera vez desde 1991– las alarmas antimisil en la populosa Tel Aviv, ubicada a 47 kilómetros de Gaza, ese territorio que el lingüista estadounidense Noam Chomsky ha definido como “la cárcel a cielo abierto más grande del mundo”.
Si Yabari no era el verdadero destinatario del misil que acabó con su vida, ¿a quién iba dirigido? No es descabellado pensar que el blanco simbólico del misil era el reelegido presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, que desde que llegó a la Casa Blanca sueña con pasar a la Historia como el hombre que selló la paz entre israelíes y palestinos.
Recién llegado al Despacho Oval en enero de 2009, un ingenuo Obama se encontró con una sorpresa israelí: donde estaba antes Gaza había un inmenso campo de escombros. La operación Plomo Fundido, lanzada hace casi exactamente cuatro años –a finales de diciembre de 2008–, concluyó con un saldo de cien palestinos muertos por cada víctima israelí. Esa campaña de bombardeos era el regalo de bienvenida de Israel. Obama se tragó el enojo y aplazó sus esperanzas para el segundo mandato, que empieza en enero.
Ahora como en 2008, el enemigo de Israel no es Hamás. Tampoco es Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, que el día 29 de noviembre pedirá a la Asamblea General de Naciones Unidas que se reconozca a Palestina como Estado observador. La propuesta se aprobará, pero tiene más valor simbólico que efectos legales o políticos.
La reelección de Obama amenazó de manera similar a su primer período: el jefe de la CIA, el general David Petraeus debió renunciar, aparentemente por una relación extramatrimonial. Ése no fue su verdadero error, sino haber testificado en marzo de 2012 ante el Congreso de Estados Unidos que “Israel era un lastre estratégico en Medio Oriente para la política que pretendía implementar Obama”.
Sin embargo, Obama nombró a Petraeus director de la CIA después de ese polémico testimonio ante el Senado que causó mucho revuelo en Israel y en el Mossad. Es probable que aquella declaración sellara la suerte de Petraeus, pero su segundo error grave fue dejarse seducir por una Mata Harir que trabaja precisamente para el lobby y la industria armamentista israelí, por lo que hizo todo lo posible para que el escándalo saltara a la luz pública.
Sólo una profesional del espionaje –que incluso ha trabajado como modelo en publicidad de ametralladoras–, logra una sincronización tan perfecta para que el escándalo detone al día siguiente del triunfo de Obama. Lo de Petraeus sólo fue una advertencia. Dentro de unas semanas, Gaza estará de nuevo en escombros, el mando de Hamás pasará a los más combativos; el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, tendrá que hacer malabarismos entre el respaldo moral a Hamás y el mantenimiento de las relaciones con Israel, los israelíes repetirán el viejo eslogan que la paz con los palestinos es imposible y en enero votarán a Netanyahu o a cualquier otro candidato que prometa lo mismo, porque en la guerra no se hacen preguntas.
Lo cierto es que el complejo militar industrial hebreo necesita un enemigo, porque sólo un enemigo crea miedo. Y el miedo es lo único que mantiene con vida no sólo a los consecutivos gobiernos israelíes, sino a todo el sistema político de un país con crecientes abismos sociales, que separan a laicos y religiosos, ricos y pobres. La verdad es que los precarios morteros de Hamás no bastan para justificar la perpetua amenaza existencial con la que se aterroriza a los israelíes. Para Netanyahu, la verdadera amenaza existencial para los gobiernos militaristas y expansionistas es la paz con Palestina.