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lunes, 18 de mayo de 2015



“Efemérides de Mayo”


—A ese muchacho se le ve la muerte en la cara —le dijo Aurora a Luisa, refiriéndose a Roque Dalton.

—Qué va —exclamó Luisa—, es como los gatos. Siempre se escapa de la muerte en alitas de cucaracha. La primera vez lo salvó un temblor. Estaba en la cárcel de Cojutepeque, el temblor botó la pared y él pudo escaparse. La segunda vez sólo le faltaban dos días para ser fusilado y en eso vino el golpe que derrocó a Lemus, el dictador de turno.

Roque y Luisa nunca se conocieron personalmente, pero se escribían cartas desde Praga y París, donde ambos se deleitaban hablando de las pupusas salvadoreñas, del gallo en chicha, de los panes con chumpe y de todos esos sabores y olores exquisitos que en Europa les estaban vedados.

Una vez que Luisa viajó a Cuba, Roque la estaba esperando en el aeropuerto con un ramo de flores, pero el avión de Luisa se retrasó dos días y él tuvo que viajar al interior.

Desde allí le enviaba papelitos que invariablemente le entregaban a la hora del almuerzo.

Nunca llegaron a darse un abrazo, pero un amigo común aseguraba que según Roque, Luisa le había enseñado a bailar la rumba.

Años más tarde, ese mismo amigo llamó a Luisa para anunciarle la muerte de Roque. Las informaciones eran confusas, imprecisas, todavía no se sabía quién lo había asesinado.

A Luisa le impresionó profundamente la noticia y esa misma tarde, para sentirse un poquito más cerca de él quiso leer en voz alta algunos de sus poemas. Abrió el libro al azar y sus ojos tropezaron con los versos: “Cuando sepas que he muerto, no pronuncies mi nombre”.

Caribel Alegría

“Luisa en el país de la realidad”.

Poema en audio: Alta hora de la noche de Roque Dalton por Julio Cortazar



Como la siempreviva

Mi poesía

es como la siempreviva

paga su precio

a la existencia

en término de asperidad.

Entre las piedras y el fuego,

frente a la tempestad

o en medio de la sequía,

por sobre las banderas

del odio necesario

y el hermosísimo empuje

de la cólera,

la flor de mi poesía busca siempre

el aire,

el humus,

la savia,

el sol,

de la ternura.


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