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miércoles, 26 de agosto de 2015


No es fácil ser de izquierdas






Ayer a última hora mi querida Rosa María Artal escribía una columna eneldiario.es titulada “No es preciso vivir debajo de un puente para ser de izquierdas”. Merece la pena su lectura. En respuesta a esa tribuna, con la que en general estoy de acuerdo, creo que merece la pena ahondar en la reflexión. Tal y como indica Artal, “ser de izquierdas no es una religión, no implica sacerdocio ni voto de pobreza” y tiene toda la razón, pero implica de manera imperativa mantener una coherencia entre actos y discurso… de otro modo, a uno termina sucediéndole como al PSOE, que en los últimos años ha ido perdiendo por el camino buena parte de su ADN de izquierdas.

En realidad, cualquier tendencia política debe ser coherente y cuando no se es, bien porque el dicurso no termina de definirse o bien porque se tejen estrategias ocultas que prefieren esconderse a la ciudadanía, es cuando se dice que hay que huir de las etiquetas, del trinomio izquierda-centro-derecha. Al contrario, hoy más que nunca hay que reivindicarlas.

En este sentido, la derecha tiene mucho más fácil mantener la coherencia. Por definición, la izquierda está en radical oposición al capitalismo salvaje que nos asola. La derecha no; es más, es uno de sus principales impulsores y se mueve en la desigualdad y la acumulación selectiva de riqueza como pez en el agua. Es la sociedad que tenemos hoy en día, una sociedad de la que es muy complicado huir porque todos, absolutamente todos, estamos atravesados de un modo u otro por el capitalismo.

Decir ser de izquierdas y continuar comprando camisetas a tres euros no es ser coherente. Tampoco lo es llevar a nuestros hijos a un colegio privado o, incluso, concertado o reclamar la liberalización de los horarios de tiendas para que podamos comprar en fin de semana. Ser de izquierdas no es seguir midiendo el crecimiento de un país en función de cuántos coches se venden y cuántas nuevas matriculaciones se producen. Enarbolar la bandera de la izquierda es incompatible con ese nuevo capitalismo ecológico detrás del cual no hay más que puro maquillaje sostenible.

Ser de izquierdas no es acudir a las grandes cadenas de supermercados que venden los productos por debajo de coste mientras explotan a los productores que a duras penas sobreviven. Ser de izquierdas no es reclamar en tu trabajo que te paguen más porque trabajas más que otro de tu misma categoría, en lugar de reclamar una equiparación de la carga de trabajo. La izquierda no puede consentir el consumismo desatado y, menos aún, el que compra productos fabricados con explotación laboral.


Ser de izquierdas no significa tener que ir siempre con una cazadora de pana, pero tampoco tratar de incluirnos en una supuesta élite porque vamos a la moda. La izquierda no significa irse de vacaciones de voluntariado porque es cool y al regreso seguir favoreciendo con nuestro consumo la esquilmación de recursos del país que visitamos. Ser de izquierdas obliga a no abandonar nuestro pensamiento obrero cuando se es jefe o empresario.

Ser de izquierdas no implica tener que se pobre, pero sí estar en contra de la acumulación de riqueza y de la especulación. Sentirse realmente de izquierdas es, no sólo asumir que se es un anti-sistema, sino estar orgulloso de elloporque precisamente este sistema es el que produce que el 99% de la población esté subordinada por un 1% ruin y cruel.

Todo lo demás es ser de derechas, convertirse en un sucedáneo o, como pensamiento de consuelo, encontrarse en un tránsito, en una huída progresiva de esa sociedad capitalista hasta que poco a poco ésta vaya cambiando. Sin embargo, no cambiará por metamorfosis espontánea, sino que todo el que realmente se sienta de izquierdas ha de aportar su granito de arena, ha de asumir el reto de soltar lastre consumista, dejar poco a poco de estar atravesado por esa cultural del capital y adoptar una visión más solidaria del mundo.

En una charla hace años con el difunto Pedro Zerolo, éste me decía que “ser de derechas es lo fácil; en cambio, ser de izquierdas es lo difícil”. Y tenía toda la razón, incluso, diciéndolo desde el PSOE. Y yo añadiría más: Presumir que se es de izquierdas, sencillamente, es no ser de izquierdas, porque cuando de veras se es, los hechos te delatan al instante.
Colaborador de Público (excorresponsal oficioso en Londres), periodista vocacional en fase de desintoxicación informativa y pensador irreverente en continua hora extra. Víctima multitarea en rehabilitación. Otro mundo es mejor, pero para eso, entendamos antes éste.
Twitter: @dbollero

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