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martes, 28 de julio de 2015

Dime qué tienes que decir sobre el Estado y te diré dónde te ubicas política e ideológicamente.

Por Emir Sader
Desde que Ronald Reagan dijo que el Estado dejaba de ser solución para ser el problema, el Estado pasó a estar en el centro de los debates y de las luchas políticas. Reagan apuntaba al Estado como ineficiente, corrompido, expropriador de recursos de las personas, productor de inflación –el resumen de los problemas que la humanidad estaría enfrentando—.
En su lugar, se promovía la centralidad del mercado y de las empresas, identificados como eficientes, dinámicos, baratos. Cuanto menos Estado, mejor (para ellos). Estado mínimo significa mercado máximo. Menos regulación estatal, menos derechos, menos protección, menos políticas de inclusión social.
Algunos de los que han hecho la crítica de una llamada “estadolatría” de la izquierda en el período histórico anterior, han buscado refugio en “la sociedad civil”, que mal pudo enmascarar al mercado, en la versión dominante del neoliberalismo. ONG y algunos intelectuales se han dejado mezclar con el neoliberalismo, por el rechazo común al mercado. Sin qué decir del punto de vista del poder del Estado, esas fuerzas han desaparecido de la escena política.
Superar al neoliberalismo es asumir funciones que fueron anuladas en el Estado mínimo. Estado mínimo no significa más ciudadanía, sino menos, porque ciudadano es el sujeto de derechos y lo que más hace el neoliberalismo es expropiar derechos, en favor del consumidor y del mercado. Es el Estado el que puede garantizar derechos, promover políticas sociales, participar de procesos de integración regional y de alianzas Sur-Sur, implementar políticas externas soberanas, proteger el mercado interno, inducir políticas de expansión económica con distribución de la renta, programas de desarrollo tecnológico y científico, entre otras medidas,
Por todo ello, el blanco central de la derecha, en sus intentos de restauración conservadora, es el Estado. Es alrededor del Estado que se dan los grandes debates actuales sean económicos, sociales, culturales o directamente políticos.
Dime qué tienes que decir sobre el Estado y te diré dónde te ubicas política e ideológicamente. No es la polarización que le gustaría al neoliberalismo, entre un Estado que él ha maltratado, desecho, y una supuesta esfera privada. Porque la esfera del neoliberalismo no es una esfera privada, sino mercantil, donde todo se vende, todo se compra, todo es mercancía. Y la esfera de la izquierda es la esfera pública, la esfera de los derechos y de la ciudadanía. El Estado es un espacio de disputa hegemónica entre las dos esferas, la pública y la mercantil, frecuentemente las dos se representan y se disputan a su interior.
Mucha razón tienen los países que han decidido refundar el Estado, para adecuarlo a la nueva base social que sostiene el poder político, el nuevo bloque social que lleva adelante las políticas de superación del neoliberalismo. Los que no lo han hecho, padecen de un aparato burocrático incapaz de incorporar a la participación popular que los nuevos gobiernos requieren.
No es que todo debate pueda reducirse al Estado, pero cada propuesta de modelo y de política económica reserva un lugar al Estado, supone una forma de Estado. Un Estado subordinado a las fuerzas del mercado o un Estado que implemente políticas soberanas, democráticas, populares.
Como el mercado anda con poco prestigio, no solo por los daños que han causado las políticas neoliberales, sino también por la profunda y prolongada crisis internacional del capitalismo, la derecha se concentra en atacar al Estado y a los gobiernos que se valen del Estado para practicar políticas “populistas”, de “corrupción”, inflacionarias. Pero atacan al Estado para promover alternativas centradas en el mercado.
Nunca como ahora el pensamiento crítico tiene que volcarse hacia el tema del Estado, de las formas que debe asumir para corresponder a los gobiernos que buscan la construcción de modelos de superación del neoliberalismo. Del tipo de poder popular que se necesita para echar raíces definitivas a las nuevas formas de Estado que necesitamos.


Nota:EL MUNDO › OPINION ¡Es el Estado, estúpidos! Página12

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